La infancia es como un sueño. No nos damos cuenta plenamente de que estábamos en ella hasta el día en que caemos en cuenta que concluyó. Hace tiempo. Gran parte de la atmósfera onírica de ser niño es el hecho de poder ser como un garabato en un papel, moviéndonos libremente (casi) sin consecuencia, sin pensar en mañana. Ese es el precio de los sueños: renunciar al control.

Childhood is like a dream. We don’t fully realise how immersed we were in it, until the day when we finally aknowledge that it is over. For quite some time. A great deal of the onyric atmosphere of being a child comes from the fact that one can act like a scribble on a paper, moving freely, (almost) without consequence, without thinking about tomorrow. Such is the price of dreams: renouncing control.

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